Son mañanas frías en la que el sol empuja al vapor de agua contra el suelo, lo atrapa bajo una capa imaginaria y con un suave vaivén sube y baja sobre las laderas de los montes que cierran esta cuenca como las olas de un mar imaginario. Antiguamente fue mar o lago, con agua de verdad; por eso encontrarme con esta visión me traslada en el tiempo imaginario de los libros: hasta aquel día en el que una bandada de gansos quedó atrapada en el hielo congelado de un lago. En cuanto se dieron cuenta, todos a la vez comenzaron a batir las alas hasta que consiguieron levantar el vuelo llevándose todo el agua congelada en sus patas. Nunca más han vuelto los gansos, nunca más volvió el lago a serlo.
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