Una vez que habíamos accedido al Refugio de los Prados por el Almicerán y el Barranco Gallinero iniciamos la subida final por una senda muy marcada.
La cima, un excelente oteadero que en días favorables puede disfrutarse con unas amplias panorámicas.
Desde la arista cimera oeste mirando hacia el norte se abre la cabecera del Barranco del Buitre. Al fondo se aprecian los prados y el refugio por el que pasamos antes de llegar hasta aquí.
En el descenso, íbamos a hacer un circuito, nos pasamos por el arco, que aprovechamos para los recuerdos fotográficos de "amplio espectro"...
... y entramos en el sendero bien marcado por el Pinar de las Potras.
Se atraviesa por alguna zona de dolinas en cuya pradera se ha abierto y balizado el sendero con numerosas piedras puestas en pie. Está claro que la orientación en la ruta no es un problema así que puede hacerse con total tranquilidad los días de niebla. Otra cosa fué el final: "tormentita impresionante". Nos dijo la persona con la que habíamos contratado la aproximación en 4x4 que a la lluvia de Mayo no había que temer... pues menuda la que nos cayó. Nos adelantamos los chóferes, con el primer trueno, a recoger los vehículos en el Almicerán con el que se había quedado en la salida del Camino de los Quemados -por donde salíamos-. Al paso por las Cañadas, un vendaval venía apretando con rachas huracanadas desde las cumbres por donde ya asomaban unas nubes blanquísimas bajo un cielo completamente ennegrecido. Comenzó la lluvia con gran fuerza hasta inundar la carretera. En el Almicerán diluviaba. En el trayecto un par de sustos por la velocidad inadecuada a las tremendas condiciones y la poca visibilidad. La vuelta con la tormenta desplazándose hacia donde nos esperaban el resto de compañeros con más peligro. El paso de nuevo por las Cañadas fue una odisea, con luces encendidas, los árboles que amenazaban con desgajarse con el fortísimo viento sobre la carretera, ésta anegada por un torrente de agua, el limpiaparabrisas en la posición máxima de funcionamiento no daba abasto para retirar todo el agua... y nuestros "compas" ya embutidos en los chubasqueros aguantando el tormentón y en la espera de vernos llegar. Temer lo que se dice temer... ¡vaya susto!.
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