De regreso en mi salida matutina. En busca de un frescor tan ansiado después del día abrasador sufrido ayer. Hoy ya en la vuelta y como suelo hacer a menudo, me he parado a refrescarme con el agua que nace junto a la ermita de la Virgen de la Cabeza. Aprovecho también para llevarme una botella de agua que consumo antes de que se caliente. Es excelente, además de que la tomas sin adulteraciones, osea sin nada, lo que la hace todavía mejor. Hoy me la he tomado a la sombra de los soportales de la ermita y me recuerda los paseos bajo otros, en mi niñez, que tanto en invierno como en verano se buscan como refugios ante las inclemencias del tiempo. Es curioso que la arquitectura popular en el sur no haya descubierto este recurso arquitectónico para poder pasear bajo un sol inclemente.martes, 14 de julio de 2009
Soportales. Ermita de la Virgen de la Cabeza. Huéscar. Granada
De regreso en mi salida matutina. En busca de un frescor tan ansiado después del día abrasador sufrido ayer. Hoy ya en la vuelta y como suelo hacer a menudo, me he parado a refrescarme con el agua que nace junto a la ermita de la Virgen de la Cabeza. Aprovecho también para llevarme una botella de agua que consumo antes de que se caliente. Es excelente, además de que la tomas sin adulteraciones, osea sin nada, lo que la hace todavía mejor. Hoy me la he tomado a la sombra de los soportales de la ermita y me recuerda los paseos bajo otros, en mi niñez, que tanto en invierno como en verano se buscan como refugios ante las inclemencias del tiempo. Es curioso que la arquitectura popular en el sur no haya descubierto este recurso arquitectónico para poder pasear bajo un sol inclemente.
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