Y finalmente, ya de regreso a casa, unos metros antes de coronar el puerto me encuentro con el agracejo. Aparece plagado de frutos colgados como pendientes de unas ramas repletas de espinas: un premio a veces doloroso. Éstos permanecerán colgados durante el invierno y servirán de despensa para las aves y mamíferos que se alimentarán de ellos. Toda la planta es tóxica, sin embargo los frutos son comestibles. Alguna vez los probé y anduve todo el día "rozando" los dientes. Quizás no estuvieran maduros en aquella ocasión pero no los he vuelto a probar, así que estáis avisados. Estoy algo cansado pero ilusionado ante la oportunidad de volver a andar por estos parajes.
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