No es una buena noticia encontrarse un ejemplar de águila muerto a tenor de los rumores que existen de que se ha encontrado en diferentes puntos de nuestra geografía municipal otros animales muertos por acción de los venenos. Este cadáver permanecía en el interior del Canal de San Clemente. Curiosamente, a pesar de la fuerza de la corriente, se mantuvo varios días -lo localicé el pasado domingo-, aunque esta tarde he podido acercarme a tomar esta imagen. He dado parte al Seprona de Huéscar. Se puede deducir, después de lo observado, que el animal al sentir sed se precipitó al interior del cauce y tras agarrarse murió allí mismo -en mi primera observación pude ver como con una de sus patas se había agarrado a un palo sumergido-.Y otro ejemplo más de que la vida se abre camino es la aparición, entre las plumas de la cola del águila, de una rana. Qué podía hacer sino esta rana que aprovechar este punto de apoyo para aguantar mejor la embestida de la fuerza de la corriente?
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