sábado, 10 de octubre de 2009

Carrizos (Phragmites australis) y carrizales. A dos luces.

Probablemente ya les queda poco a estos carrizos para que sean pasto de las llamas. Hay costumbre en esta zona de río Santo, que llegando el invierno, se quemen los carrizales que crecen en las lindes y junto al cauce del arroyo, para hacer desaparecer por unos meses esos mechones que a la más mínima ráfaga de viento se balancean inclinándose hasta el extremo. Entiendo que es una forma de controlar su crecimiento para que no invadan las zonas de cultivo, aunque también son el refugio para multitud de animales que aprovechan su espesura para esconderse y soportar también mejor las duras condiciones que imponen las bajas temperaturas que se registran durante todo el invierno. Me ha tocado ese frío glacial algún día en las mañanas o atardeceres del invierno y, sumándose a la gran humedad ambiental, se hace insoportable aunque me haya enfundado con todo.

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