El mismo atardecer tormentoso con unos minutos de diferencia en la toma. Ví venir la tormenta y tras ella el cielo azul se recortaba sin más. No me lo pensé dos veces y, cargando con el equipo, me vine a esta zona del altiplano, por la que suelo aparecer bastante a menudo, buscando las últimas luces que sabía serían espectaculares. Y ya véis que así fue. La serie completa del reportaje es un estudio de la luz que incide en estas enormes nubes tormentosas que evolucionan a última hora de la tarde. A veces echa uno de menos una buena cámara de vídeo para recoger todo un momento así, aunque normalmente suelo recoger esta clase de movimientos con intervalos de un minuto e incluso bastante menos, tanto menos como para utilizar el disparo en ráfagas. Dependiendo de la inestabilidad de la atmósfera, la variación que se puede producir en una nube a simple vista parece poca pero cuando de verdad se recoge con velocidades superiores a cinco o seis fotogramas por segundo y se pasa lentamente la visualización, es increible la cantidad de movimientos que llegan a producirse, en este tipo de nubes, con esa velocidad. Cuanto más detalle si el movimiento se recoge a velocidad de grabación de un vídeo o con cámaras de alta velocidad y reproducida lentamente.
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